martes, 21 de octubre de 2025

Crónica Cuando la democracia juvenil pasó de puntillas por Salamina


 

 
El pasado domingo, bajo un sol cálido y amable que parecía invitar a la esperanza, Salamina amaneció tranquila. Las montañas, siempre guardianas de nuestra historia, fueron testigo de una jornada electoral que prometía ser el canto de una nueva generación: las Elecciones de los Consejos Municipales de Juventud. Pero aquella promesa se desvaneció entre el silencio de las calles y el eco de un proceso que pasó de puntillas, casi inadvertido, por el corazón de nuestro pueblo.

Según la Registraduría Nacional del Estado Civil, en todo el país estaban habilitados más de 12 millones de jóvenes entre los 14 y 28 años para votar; sin embargo, apenas 1,5 millones acudieron a las urnas, un modesto 12 % de participación nacional. En Salamina, ese eco fue aún más leve.

De acuerdo con el DANE, nuestro municipio cuenta con una población aproximada de 19.733 habitantes, y, aplicando la proporción promedio nacional de jóvenes (25 % del total), se estima que unos 4.900 salamineños están en ese rango de edad. Si extrapolamos la relación de habilitados nacionales por población, alrededor de 4.700 jóvenes del municipio tenían derecho al voto en esta elección. Pero, tristemente, fueron muy pocos los que se acercaron a las urnas. Un silencio que duele.

Los resultados oficiales locales reflejan esa apatía: Partido Alianza Verde, 199 votos; Partido Liberal Colombiano, 107; Nuevo Liberalismo, 75; Gente en Movimiento, 62; Partido de la U, 42; Jóvenes del Bicentenario, 40; Jóvenes Transformando Territorio, 33; Centro Democrático, 9; Partido Conservador, 4; Jóvenes Construyendo el Presente de Salamina, 3; y Agrosalamina, 3 votos. Trece escaños en disputa, muchos sueños inscritos, pero poca participación real.

Un amanecer sin filas

A las ocho en punto, cuando los puestos de votación abrieron sus puertas, las calles de Salamina lucían desiertas. No hubo filas, ni risas, ni arengas. Solo el canto de los pájaros y el rumor del viento en los balcones. Parecía un domingo cualquiera, de esos en que el café humea en los portales y el pueblo despierta sin apuro.
En esa calma había belleza, sí, pero también desinterés. La democracia, esa fiesta que debería reunirnos, lucía sin invitados.

Y aquí la primera gran reflexión: la juventud no se ausenta porque no le importe, sino porque se siente ausente del proyecto social que le prometimos. Convocarla no basta; se necesita formar, acompañar, inspirar. La administración municipal cumplió con el requisito de “invitar”, pero no con el deber de “motivar”. No hubo pedagogía, ni cercanía, ni estrategia que hiciera entender a los jóvenes que un Consejo de Juventud es su propia voz en la política local.
 
 


Los políticos del silencio

Y mientras las calles estaban vacías, también lo estaban las conciencias de muchos de nuestros dirigentes tradicionales.
Qué curioso —y qué doloroso— constatar que quienes hoy no asoman la nariz para apoyar a los jóvenes, serán los mismos que dentro de un año los buscarán para cargar pancartas, repartir volantes y llenar plazas en las elecciones de alcaldía, Congreso o presidencia. En ese momento sí los querrán cerca, “como amigos”, “como líderes”, “como muchachos con futuro”. Pero hoy, cuando los jóvenes necesitaban acompañamiento real, cuando pedían comprensión y respaldo, los dejaron solos, como si la juventud fuera solo útil cuando hace bulla o suma votos.

La política local debe dejar de tratar a la juventud como escenografía electoral. La democracia no se construye con aplausos prestados, sino con participación genuina, con oportunidades y con escucha.

Sombras en la jornada

La jornada, aunque tranquila, tuvo sus manchas. Uno de los episodios más lamentables fue el de un niño simpatizante del Nuevo Liberalismo, requisado por agentes de policía tras una denuncia infundada de compra de votos. Qué tristeza que en vez de proteger su entusiasmo cívico, se le expusiera al escarnio. Ese hecho, más que anecdótico, es un retrato del desconocimiento institucional y de la falta de empatía con quienes apenas empiezan a creer en la política.

También se observaron movimientos de funcionarios municipales recorriendo veredas, entregando volantes y apoyando determinadas listas hasta el último minuto. Una muestra de que seguimos confundiendo la política con la conveniencia, el deber con la costumbre.


Una juventud sin brújula, pero no sin sueños

Los jóvenes de Salamina no son apáticos: están desorientados. Saben soñar, crear, comunicarse; lo que no encuentran es un espacio donde esos talentos se conviertan en propuestas. En las escuelas se enseña historia, pero no participación. En los hogares se habla de política con recelo, como si fuera una peste. Y en la administración se habla de juventud como quien cumple un trámite.
Así, ¿cómo esperar filas en los puestos de votación?

No hay democracia sin juventud, y no hay juventud sin confianza. Si el joven no siente que su voto cambia algo, simplemente no irá.

 

 
De la indiferencia al desafío

Aun así, hay signos que invitan a no perder la fe. El surgimiento del Nuevo Liberalismo con 75 votos y una curul alcanzada, demuestra que hay jóvenes que creen, que se organizan, que quieren renovar la manera de hacer política en Salamina. Su labor apenas comienza, pero si logran mantener la independencia y el idealismo, podrían ser el soplo de aire fresco que tanto necesitamos.

Y ojalá encuentren apoyo, no trabas. Que las instituciones, en lugar de absorberlos en la rutina burocrática, los acompañen con proyectos reales: cultura, deporte, medio ambiente, emprendimiento, tecnología. Los jóvenes no piden privilegios: piden credibilidad.

Una democracia sin alma

A lo largo de la jornada se vio poca movilidad: unos cuantos carros, algunas motos, policías tomando café en la plaza, el alcalde ausente y un pueblo tranquilo. Tranquilo, pero vacío. La democracia se volvió rutina, un evento más en el calendario institucional. Pero la democracia sin alma no educa, no emociona, no transforma.

Tal vez ese silencio de las urnas sea un llamado: nos está diciendo que los jóvenes no están perdiendo la fe en la democracia, sino en los adultos que la administran.

El desafío de creer en ellos

Como gestor cultural y como quien ha tenido el honor de servir desde el Concejo Municipal, me duele ver este vacío, pero también me compromete. Porque creo que Salamina todavía puede ser ejemplo. Tenemos juventud, historia, cultura y territorio fértil. Solo nos falta voluntad y acompañamiento real. Necesitamos programas de liderazgo juvenil permanentes, presencia en las veredas, apoyo a colectivos artísticos, ambientales y deportivos. Y, sobre todo, reconocer a los jóvenes no como promesa futura, sino como presente activo.

Epílogo: el eco de una esperanza



La jornada terminó con las calles limpias y los votos contados. Pero más allá de las cifras, quedan preguntas abiertas: ¿qué haremos con los jóvenes que no votaron? ¿Seguiremos mirándolos solo cuando los necesitemos?
Ojalá que no. Ojalá que este proceso, aunque tímido, sea el punto de partida para una nueva manera de entender la política, donde los Consejos de Juventud no sean una foto en redes, sino un espacio de transformación.

Porque, al final, un pueblo que no escucha a su juventud, termina envejeciendo sin alma. Y Salamina no puede darse ese lujo: nuestra historia merece seguir escrita con la voz fresca y luminosa de los jóvenes que, aunque hoy callaron, todavía están ahí… esperando que los invitemos de verdad a participar.



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